Sí, me gusta viajar.
Todos sabemos que las Pirámides de Egipto están por allá en África, que Teotihuacán queda por acá cerquita, y que Stonehenge está en la Isla Lluviosa. Pero de eso, a llegar hasta allí y corroborar su existencia hay un gran diferencia en experiencia y aprendizajes, no estoy diciendo que no se pueda conocer un sitio sin haberlo visitado, pero sí que nada resulta más sorprendente que vivir cada uno de esos lugares, con tus propios sentidos.
No sólo hablo de lugares históricos, cruciales para que el mundo sea lo que es hoy. Recorrer ciudades futuristas y con economías distintas a las de tu casa, también te llena de ideas y experiencias que te hacen pensar siempre con otra perspectiva, y es que es muy fácil meterse en una concha de crustáceo volviendo los problemas locales, en todo el universo de problemas. Cada vez que escucho: “es que así se hace aquí” o “no compares, México con:” me da una rabia impresionante que me hace pensar que hemos estado demasiado tiempo bajo una roca, incapaces de ver el sol más allá de las sombras. Lo peligroso de esto, es que al cabo de un tiempo las sombras se conviertan en nuestra única luz y pensemos que así esta bien, que así debe ser y que no hay motivo para cambiar.
No hace mucho, un amigo inglés me preguntaba si me sentía inseguro en México: “respondí que no” a pesar de que ni en sueños podría hacer de mi sentir una generalización. El decía, que viviría aterrado de saber que en su ciudad ocurrían cosas como las que tristemente nos hemos acostumbrado a ver, lo único que respondí fue:
“no puedes vivir pensando que algo malo te va a suceder, tienes que seguir adelante”.
Cuando terminé la frase me di cuenta que debía de parecerme más a algún ciudadano de Irak o Afganistán que a un citadino de la treceava economía más grande del mundo.
Por eso cuando salgo, comparo mucho, pero lo hago pensando en como hacer para llegar a esa otra realidad y no para hundirnos más en el “estamos jodidos y nadie podrá hacer nada para salvarnos, ¡Este país es un fracaso!”. Una vez más, con un poco de suerte de por medio, me dispongo a recorrer el otro lado del charco, como siempre reportaré aquí mis aventuras y descubrimientos. México es un país que debería de estar ahí junto con los grandes, económicamente ya está, ahora falta que eso se refleje en nuestras calles, un mexicano orgulloso se despide, dispuesto a cantar el cielito lindo a todo pulmón en el Wembley Stadium…
¡Vamos México!







