Hay dos ciudades que por naturaleza, (quizás por las películas) siempre me han atemorizado, de cierta forma ambas situaciones se contraponen pero la verdad no podría decir cual de ellas me causa más temor. La primera la experimenté el año pasado y la segunda apenas ayer, se trata de situaciones que de inmediato uno identifica como anómalas y fuera de la cotidianidad de la civilización humana.
Ciudad Abandonada
El primer caso, es el de una típica escena de Hollywood. Se trata de una ciudad deshabitada y en aparente calma a plena luz del día. Esto me ocurrió a las 4 de la mañana de finales de mayo del año pasado en Helsinki, al ser una ciudad tan al norte, durante los meses de verano el sol nunca se pone y existe el famoso “Sol de Medianoche”. Es común salir de los bares a las 2 o 3 de la mañana y encontrarse con un bello día soleado, la diferencia es que no hay nadie en las calles, así que imaginen una escena típica de cada viernes, solo que al regresar se encontrarán con, todos los requisitos de una bella mañana, pero sin gente, la sensación es muy extraña.
Los pájaros revolotean, los semáforos funcionan, el sol pega fuerte y sin embargo las calles se encuentran vacías. Puedes caminar por las avenidas principales y no verás a nadie, todos duermen tras gruesas cortinas en noches sintéticas que cada habitante se procura en su hogar. Para los habitantes del D.F. la mejor descripción sería caminar por Insurgente o Reforma a mediodía sin ver un alma en las calles.
La Ciudad Abandonada 2.0
Ayer me tocó vivir la otra cara de la moneda, casi idénticas condiciones pero de noche. Al regresar muy tarde de la universidad me topé con un escenario digno de la película “Soy Leyenda”, calles y calles de ciudad completamente obscuras y sin un solo coche o persona en la vía pública. La sensación de estar siendo observado es indescriptible, es como recorrer los túneles que llevan a Zion en una nave de otra época. Tú no los ves a ellos, pero seguro que con tú resplandor ellos te ven a kilómetros de distancia, más difícil aún es bajarse del auto y observar (si es que posible) la obscuridad y el abandono total, tan solo unos cuantos perros ladrando a lo lejos y el sonido constante del viento chocando contra todo. Cualquier zombie, alíen, vampiro o fantasma que se me hubiese cruzado en ese momento no me habría causado ninguna sorpresa. Ya en mi recamara y con todo en completa obscuridad uno no puede dejar de pensar, que el viento transmitirá los gritos de algún incauto que se topó con una de esta criaturas o que toda la noche escuchará literalmente, pasos en la azotea.
Así que si esta noche, repiten la experiencia no olviden su revolver con balas de plata y su crucifijo. Cuando menos consíganse un poco de ajo y cierren puertas y ventanas con seguro y maderas anti zombies. La otra vez vi que las vendían en la comer. Pero quizás lo más importante sea que nadie los siga hasta su escondite, de ser así siempre tengan un plan b para salir de ahí. Unos buenas granadas de fragmentación y rifles tipo Halo les serán de gran ayuda, en Amazon los encuentran a muy buen precio. Pero sino consiguen nada de esto al menos no dejen de sorprenderse del increíble poder de la naturaleza.

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